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Ramo del adiós

Cada año, al final de primavera, la luz del sol comienza a colarse en mi estudio por las tardes, y me planteo una obra que se valga de los efectos de luz y sombra sobre sus muros.

En la primavera de 2015, junto al ventanal, había un ramo con flores secas del día del entierro de mi padre. Sin una intención consciente, las incluí en un carbón, que, en seguida, se transformó en otra cosa: algo así como un retrato suyo en ausencia o una vanitas. El óleo que hice a continuación fue un acto ya completamente premeditado de representarlo a través de un espacio arquitectónico compuesto con elementos mezclados tomados de la realidad, la imaginación y el recuerdo.

Ramo del adiós I, 2015, carbón sobre tabla preparada, 70 x 110 cm

Ramo del adiós II, 2015, óleo sobre tabla, 70 x 70 cm

Leíria, el corredor curvo

Normalmente un proyecto de obras suele ser la consecuencia de una reflexión tranquila sobre cosas que están a mi alcance y me interesan; en algunas ocasiones, las menos, la idea surge repentinamente con motivo de un descubrimiento de algo (o alguien) que llaman mi atención. Este fue el caso de mi encuentro fortuito con el edificio de la Escola Superior de Artes e Design de Caldas de Raihna, obra del arquitecto portugués Vítor Figueiredo.

Durante un viaje a Portugal, con el fin de recoger a mi hija mayor de un programa Erasmus, visité el edificio. Me impactó la sobriedad despojada de aquella blanca construcción que se elevaba en medio de un pinar, y sus amplios corredores curvos atravesados por la luz natural. Tras visitar el edificio, y sin apenas tiempo para pensar demasiado, pues debíamos partir en seguida, hice unas fotografías con mi teléfono móvil a modo de apunte. ¡Cómo me hubiera gustado estudiar en un edificio tan magnífico!

Meses más tarde, hice un estudio al carbón. La pintura como artificio es el resultado de un proceso mental en el que la realidad es transformada. En este caso, desde un principio, me pareció que la mayor dificultad residía en lograr algo aparentemente tan simple, aunque en el fondo es tan difícil, como definir el tamaño de la escena dentro del formato. En este caso, el efecto de amontonamiento producido por el potente escorzo del corredor curvo, y la falta de algún elemento a modo de referente de escala, dificultaba la comprensión de las dimensiones reales del espacio representado ¿Era aquello un lugar colosal recordando las salas hipóstilas del Mundo Antiguo o era un rincón íntimo visto casi a ras de suelo?

En otras ocasiones y en otras obras la mirada vuela más libre, pero en un escorzo tan potente la visión se ve impelida a un recorrido impuesto por la perspectiva que la guía del fondo al primer término y de nuevo al origen, generando una tensión que debe resolverse en alguno de los dos extremos.

Tanto en el carbón como en el óleo, introduje un elemento de naturaleza muerta en el primer termino a fin de procurar solucionar el enigma.

Estudio para Leiría, carbón sobre tabla, 60 x 60 cm

Leiria, óleo sobre tabla, 70 x 120 cm

Cuadro largo para AGM

Espacio arquitectónico, 2018, collage digital, 21 x 56 cm

Proyecto realizado por encargo del arquitecto Esteban Becerril para una vivienda particular. Se trata de una naturaleza de interior de 100 x 400 cm, pensada y pintada para el espacio de 70 m² donde se ubica: un salón muy amplio, con techo relativamente bajo para su tamaño; iluminado por una claraboya, una abertura lateral y gran ventanal al frente, con vistas privilegiadas a un parque. Se compone de tres piezas; la central, resuelta con luz cenital, sin entrar en conflicto con la iluminación de la estancia donde se emplaza; las dos piezas laterales con aberturas más íntimas a una naturaleza de patio, sin intervención en la iluminación de la escena, pero necesarias allí para aliviar la tensión de una composición constreñida a un formato tan forzadamente estrecho.

Paneles por partes

Cuadro completo, 2006, óleo sobre lienzo y tabla, 100 x 400 cm